MI SOLEDAD
En mi niñez, a los seis años de edad, yo era muy pequeño y mis padres me dejaban solo en la cabaña con los animales de la granja. Por eso aprendí a vivir con ellos.
Mis mejores amigos eran los caballos porque me llevaban a donde yo quería. Algunas de mis vacas eran tranquilas. Ellas eran traviesas, a mi parecer, ellas no iban al establo. Tenía que ir a recogerlas.
Un día, mi papá vino a ver cómo estaba el establo. Y una de mis vacas traviesas se metió al corral donde había maíz y mi padre me gritó diciéndome que la vaca se había metido allí.
El animal que había entrado, la tuve que sacar rápidamente. A partir de ese momento, la vaca ya no hacía lo mismo como antes.
En el mes de marzo, mi mamá me llevó a la escuela y no me acostumbré con los compañeros porque se daban puñetazos, eran violentos y hablaban demasiado; en cambio, yo era callado y tranquilo. Finalmente, me costó entenderlos y acostumbrarme a mi nueva vida, pero aprendí a no estar solo como antes.

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