Eterno amor
Por Jean Carlos Solórzano Ballena
Todo empezó una tarde marzo, la
vi por primera vez y me enamoré de ella. Solo que no sabía su nombre ni de
dónde era. Realmente fue un amor a primera vista. Sí, me enamoré por primera
vez y estaba decidido a encontrarla, buscarla. Yo la busqué por todos lados,
pero no la hallaba.
Me estaba dando por vencido hasta
que mi hermana me presenta a una amiga. ¡Sí! ¡Era ella! Se llamaba Guiselle,
¡hermoso nombre! Me hice amigo de ella, luego, pasó el tiempo y nunca le decía
que me gustaba, que estaba enamorado de ella.
Cuando, por fin, me armé de
valor, de confesarle mi amor. Me enteré que se había marchado. El tiempo seguía
su marcha inexorable, y me fui a México a trabajar. Trataba de olvidarla, de
seguir con mi vida, bueno, eso trataba…
Hasta que un día desafortunado, recibí noticias de mi rmana que me contó
que Guiselle había fallecido, y que lo último que dijo fue que sentía mucho
amor por mí, pero nunca tuvo el valor de expresarlo. Se arruinó mi vida, no más amor, no más
cariño, no más vida.
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